Feb 18, 2008
Author: Diario Hoy
Ser camarista hoy: un nuevo lugar de poder en la justicia bonaerense Hay más de 400 aspirantes. Unos pocos, ante el Consejo de la Magistratura, concursaron. De todos ellos, el Ejecutivo remitió las ternas al Senado. Son los elegidos. Los que recibieron la unción del anterior gobernador Felipe Solá y ahora aguardan que la cámara alta dé su acuerdo.
  
En otros tiempos, la información hubiera pasado desapercibida. Pero en la semana, el presidente del Colegio de Magistrados bonaerense, Carlos Lami, salió a denunciar que la reforma procesal penal que por estos días está impulsando el ministro de Justicia Ricardo Casal, podría producir un atosigamiento a nivel de las cámaras penales. Lami explicó a Hoy que el colapso que está sufriendo la Casación podría trasladarse a las cámaras, ya que la mayoría de las salas que la componen están con cargos vacantes. Fue la primera oposición de carácter al proyecto oficial.
El ministro de Justicia anunció que quitará competencias a la Casación y posibilitará que las siete mil causas que colapsan ese alto tribunal bonaerense sean distribuidas equitativamente en 39 salas de cámaras departamentales. La idea, en su faz teórica parece acertada. Pero la semana pasada, el propio presidente de la Casación, Federico Domínguez adelantó a Hoy que las tres salas de ese alto tribunal poseen un total de 3.683 causas en trámite: “Un número totalmente manejable”, arriesgó, descartando la crisis apuntada por Casal.
No obstante, desde la Legislatura aseguran que la tardanza que se está dando en ese ámbito para aprobar los pliegos de los jueces obedece a una sencilla razón: la terna fue designada por la gestión anterior. Y sus integrantes tendrían ciertos reparos para ser validados por los representantes del sciolismo. En ese punto, el problema adquiere otra dimensión. Faltan jueces, las cámaras (de apelaciones y garantías) están desintegradas y se viene la reforma. Sin embargo, una terna comunicada al ejecutivo el 9 de octubre de 2007 aún no fue tratada por el Senado provincial.
De los numerosos aspirantes que se presentaron a cubrir los cargos, nueve integraron las ternas para el departamento judicial de La Plata y tres fueron los sindicados por Felipe Solá: Adolfo Eduardo Naldini, ex fiscal de Lomas de Zamora y ex Auditor de Asuntos Internos durante la gestión de León Arslanián en la cartera de Seguridad; la jueza de Menores de Florencio Varela María Silvia
Oyhamburu y la defensora oficial Laura Lasaga. Claro que el Senado puede, cuando lo trate sobre tablas, aceptar a los tres candidatos, o solo alguno de ellos. Y en caso de rechazos, hay otros seis en lista de espera.
La advertencia disparada por el titular del Colegio de Abogados Carlos Lami sobre el colapso que podría derivar en las miles de causas que se remitirán a las cámaras departamentales, en una primera lectura, parecía sólo centrarse en la falta de personal y de recursos.
Una segunda mirada permite dilucidar que de a poco, las cámaras, y ya no la Casación, se irán convirtiendo en pequeños y sólidos bastiones de poder, donde se siente jurisprudencia y doctrina, en cada sentencia criminal. Ya no dependerán de un tribunal tildado de morosidad, como la Casación.
En cada departamento, cada cámara, un modo de ver las cosas. La necesidad de más jueces ante la sobrecarga de trabajo es imperiosa. Tanto o más que la mentada independencia de poderes, máxime cuando el poder legislativo debe resolver sobre cuestiones del judicial. O acaso, ¿se estará poniendo en duda la independencia de poderes? Sería mucho. Apenas por unos nombres. Y más, cuando no hay otro camino en la justicia para acceder y ascender en el escalafón jerárquico.
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