Apr 18, 2008
Author: Moreno, el ejecutor de una estrategia que trazó Kirchner Pese a las resistencias internas, su papel es desgastar al agro   
Más allá del acuerdo alcanzado anoche entre el Gobierno y el campo para el sector ganadero, la irritativa presencia de Guillermo Moreno en las últimas negociaciones técnicas con los dirigentes ruralistas respondió a una directiva de Néstor Kirchner. Desde Olivos, consideró que un excesivo espíritu dialoguista, como el del viernes pasado, podía minar la autoridad de la presidenta Cristina Kirchner. Y alentó la táctica de dilatar la discusión, dividir y desgastar al campo.
La Presidenta y el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, intentaron entre el viernes y el lunes una negociación normal. Cristina Kirchner les concedió tres horas de reunión en su despacho y aflojó la tensión.
Según confiaron a LA NACION en el oficialismo a ultranza, Kirchner impugnó esa estrategia. "No tienen que dejar que le manejen los tiempos Eduardo Buzzi o Mario Llambías", dijo el ex presidente en la intimidad de la residencia presidencial. Se impacientó el viernes pasado con la imagen de los presidentes de la Sociedad Rural, CRA, Coninagro y la Federación Agraria, sonrientes, en la Sala de Conferencias de la Casa Rosada.
Consideró peligroso el protagonismo que adquirieron Luciano Miguens, Llambías, Fernando Gioino y Buzzi. Eso preparó el terreno para la irrupción de Moreno.
El acuerdo de ayer no comprende la suba de las retenciones para los granos, motivo real del reciente paro de 21 días. Ni se precisó la letra fina para las compensaciones a los pequeños productores. Eso quedó para lo último. Las entidades, no obstante, aceptan avanzar en carnes, leche, trigo y economías regionales, para recuperar rentabilidad. Luego se ocuparán de la soja. Hay cautela por ello. Es que para todo ello deberán vérselas, previamente, con Moreno.
Problemas tácticos
En la intimidad de la residencia de Olivos, Kirchner muestra cuestionamientos tanto a la construcción de poder como a la táctica para negociar y presionar de su esposa, la Presidenta. Objetó su actitud aperturista y le molestó que la prensa marcara diferencia de estilos en la negociación. Se propuso así "ayudarla".
"La presencia de Moreno, con línea directa de Kirchner, está dirigida a dilatar el debate, dividir y desgastar psicológicamente al campo. No será fácil la negociación. Será larga y habrá que armarse de paciencia", confiaron a LA NACION, en las últimas horas, en la Casa Rosada.
El campo, advertido, no quiere perder la unidad y ni levantarse del diálogo para hacerle el juego al Gobierno.
"Pero Alberto Fernández considera que la estrategia termina desgastando a la Presidenta y al jefe del Gabinete, que quieren terminar la crisis", confió a LA NACION una alta fuente oficial. El jefe del Gabinete y la Presidenta, no obstante, aceptaron el plan de Néstor Kirchner.
"Cristina consulta cada decisión con él. Discuten, pero ella le reconoce pericia política y negociadora. Le concede la última palabra", cuentan en la Casa Rosada. En ese contexto las fuentes explican que Alberto Fernández trató con amabilidad el lunes a los dirigentes del campo, pero transformó la reunión en un encuentro político, sin soluciones concretas.
Tras las intervenciones hostiles de Moreno en posteriores reuniones, que colocaron la negociación al borde del fracaso, Fernández buscó reencauzar el diálogo en la reunión de ayer.
El secretario de Comercio Interior no estaba invitado a la Casa Rosada. Sólo se había anunciado la presencia de Javier de Urquiza, el más moderado secretario de Agricultura. A última hora, Moreno se presentó en el encuentro con los dirigentes de las entidades del campo, para sorpresa de todos.
Alberto Fernández había acordado con la Presidenta una propuesta con soluciones concretas para exhibirle al campo en el tema específico de la carne.
Pero en las horas previas, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, había culpado a los productores agropecuarios de "irresponsables" por los incendios de pastizales en Entre Ríos. Cristina Kirchner lo hizo, aunque más suavemente. Era el clima deseado por Kirchner.
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